El opositor cazado

22/04/2008

Opositar, del lat. oppositĭo en sus diferentes acepciones se encuentran en el diccionario de la RAE con unos rasgos comunes: lo uno contra lo otro. Lo uno, definido en tiempo de inseguridad, de inestabilidad laboral, de riesgo continuo producto de la lógica del capitalismo tardío; lo otro, traducido como oposición al primero.

Dos sociedades donde las superficialidades de la sociedad moderna son más degradantes que las de sociedades clásicas. Principal característica: la desorganización del tiempo. ¿Contradictorio?. La flecha del tiempo se rompe; no tiene una trayectoria en una economía que se refunde continuamente, que odia la rutina y que planifica a corto plazo.

Sentimos la falta de relaciones humanas sostenidas y propósitos duraderos, quizás por eso muchos de nosotros nos embarcamos en el camino de la oposición en la Administración Pública. ¿Hay que encontrar algo duradero al menos? El proposito de conseguir un puesto duradero que nos permita al menos planificar “algo” nuestra vida tras cansarnos de buscar dentro de la ansiedad del presente.

Si acaso todo se resume en la búsqueda de una ética del trabajo perdida, aquella que quizás reafirma el uso autodisciplinado del tiempo y el valor de la gratificación postergada. Sin embargo, la oposición te puede hacer caer en aquello a lo cuál intentas salir para conseguir esa recompensa o gratificación: la metáfora del cazador cazado por su presa.

El cazador concentra toda su energía a la espera de que la presa aparezca, codo con codo con otros en su misma condición, amigo de la soledad, del silencio de sí mismo, con la esperanza de encontrar aquello que le haga obtener su trofeo. Pero cuál es el límite, cuánta energía se debe imprimir. cómo se sabe si es adecuado el esfuerzo. Puede que aquello que anhelamos nos haga caer en aquello que evitamos. Pero como prueba de vitalismo al menos hay que intentarlo para conocernos.

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Nombres de contenidos web que defraudan

20/01/2008

Muchas veces la mejor forma de aprender sobre hechos lo trae la experiencia práctica aprehendida. A esto hay que unir también la misión de los libros, nos pueden proporcionar una respuesta atrevida y reflexiva ante lo que se lee.

A veces el comportamiento de un usuario en un sitio web para poder encontrar lo que busca se compone más de estos elementos que de una componente intuitiva inmediata. La interacción, por tanto, en estos casos se basa más en la experiencia que la intuición.

Un poco de todo esto podría ocurrir a cualquiera que hubiera intentado empadronarse en Sevilla a través del sitio web de su Ayuntamiento.

ayuntamiento de sevilla

Uno de los objetios de la administración electrónica es poder dar al usuario facilidad de acceso, así como el consecuente ahorro de tiempo al realizar los trámites. Esto redunda en beneficio de la persona que efectúa el trámite. En el mundo de hoy el tiempo es la moneda de cambio para muchos aspectos, y realizar trámites administrativos de forma física consumen demasiado.

El empadronamiento podría ser uno de estos servicios. Para darse de alta habría que desplazarse a las oficinas, cumplimentar el formulario, acreditar de alguna forma que efectivamente se reside en el municipio y esperar en tu buzón la confirmación de inscripción.

Si bien supone un avance grande el incluir este trámite como electrónico por este sitio web, desilusiona un poco el resultado final. El elemento se encuentra en un primer nivel, capta nuestra atención, y, en teoría, parece que la posible confusión polisémica de la palabra es inexistente.

Se puede pensar perfectamente y de forma generalizada que “empadronamiento” nos va a proporcionar lo que nuestra percepción probablemente espera por el contexto en el que está insertado. En palabras de Saussure:

“our perception and understanding of reality is constructed by the words and other signs which we use in a social context”

Sin embargo, lo más probable es ausente en este caso. Tan solo se nos ofrece la posibilidad de cambiar datos existentes. Aquellos que intenten darse de alta, lo que significa verdaderamente empadronamiento, les va a suponer un consumo de energía mayor al que podrían esperar. En ningún sitio de este apartado se guía a aquellos usuarios que quieran darse de alta, y hay que recurrir a la experiencia previa para encontrar la información en un tercer nivel a través del acceso telemático como es el caso.

Más allá de sufrir estas experiencias, una buena forma de evitarlas sería recordar la frecuencia con que los grupos usan estos elementos, su continuidad en el tiempo, el hilo en el que se inserta, la ausencia de ambiguedad de los mismos, la plenitud de significado, que esté en consonancia sin producir efectos inexperados, en definitiva, esté insertado en su referencia.

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Otras cosas a recordar

22/12/2007

Decía el gran Machado:

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino
sino estelas en la mar…

Este año sirve para acumular a ese libro personal que cada uno escribimos varios aspectos. Esperar es desesperar, ilusionarse sin ser consecuente es enfermedad, y bajarse del tren es algo fundamental.

Gracias a este año he conocido a varias personas de otros lugares que con sus virtudes y defectos como las mías se cruzaron en mi camino y espero que sigan ahí…

Pásenlo bien en estos días, incluso si viajan por una temporada…incluso larga.

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¿Feudalismo tecnológico?

24/11/2007

Hace un tiempito caminando por las calles de Madrid con un amigo comenzamos a repensar el cambio que la ciencia estaba produciendo sobre la realidad. Si bien gracias a ella el hombre siempre ha tenido sueños para un presente futuro, parecía como que por todos los lados este debía llegar de forma urgente, el cambio era una necesidad. Parecía como si se hubiera llegado a un agotamiento al igual que sucedió en la época feudal.

feudalismo

La ciencia a través del avance tecnológico estaba configurando una realidad que se encontraba sin referentes anteriores. Aunque se podía encontrar un axioma que nunca dejaría de presentarse: el esqueleto de sus elementos en continua interacción conformando una malla reticular.

Derrida siempre habló que todas las realidades se reflejaban como una malla conformada por puntos que se encontraban en conexión unos con otros a través de nodos. Estos últimos eran los encargados de establecer, influir en los comportamientos de los puntos, en la forma de relacionarse con ellos. Se configuraban como centros de poder identificados a un grupo. Por tanto, cualquier cambio social pasaba por substituir al grupo predominante.

La posibilidad de cambio siempre ha sido posible por la propia naturaleza de la reticula. Por mucho que los nodos intenten controlar a los puntos siempre existirán recodos de escapes que posibiliten una deconstrucción de la realidad.

Siguiendo nuestro camino, continuamos hablando que el avance tecnológico a través del desarrollo de Internet, posibilitaría que el individuo consiguiera una autonomía jamás vista con anterioridad, y, por tanto, con menos control desde los nodos. Esto sería algo jamás visto en los hábitats en los que se ha desarrollado la vida de los hombres como ha sido el natural o el urbano. La posibilidades de conjugar relaciones podrían ser infinitas por las características de este avance en un hábitat que se estaba configurando como telemático. Por tanto, asistiríamos a un cambio social sin precedentes, una recuperación del individuo como ciudadano, autónomo, autocrítico, independiente…

Sin embargo, después de varios años del desarrollo de Internet y asistir a varias crisis antes que casi la entierran, muchos afirmaron encontrarnos ante otra vieja-transformada realidad reticular como en los anteriores hábitats de la humanidad. Razones puede que no les falten si se quiere ver solo un lado, la identidad en la red viene definida por varias direcciones consecuencia de nuestras relaciones con grandes compañías que te las ofrecen. La dependencia tecnológica es grave, así como la concentración en pocas empresas o Estados que nos ofrecen el suministro de servicios y medios a través de satélites, infraestructuras de fibra óptica o superordenadores recopiladores de datos para explotarlos a posteriori.

Pero Internet por su propia naturaleza siempre va a ser una posibilidad de cambio por mucho control que se intente imponer o poseer. Las formas de vida han cambiado, las relaciones ya no son de proximidad sino a distancia, son representacionales, ahora no hace falta estar en un recinto, sino en algún nodo reticular de la red. Ahora existe más porosidad en la malla que nunca.

Recordar a Javier Echeverría cuando habla de la lucha de todos por un estatuto de la ciudadanía en la que mantegamos los logros conquistados por la humanidad. No nos olvidemos de las posiblidades de Internet para mantenerlos y ampliarlos, de otra forma asistiremos a una nueva edad media de dependencia tecnológica.

Todo está en nuestras manos en el día a día.

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Y después de la onda corta qué…

31/10/2007

La nostalgia me hace pensar en mi primera radio, una radio de onda corta, y en el futuro de la misma. Poco a poco aquel medio de comunicación de masas que hizo desaparacer de alguna forma el espacio-tiempo está asistiendo a su propia desaparición. Pienso que este final debemos analizarlo en, al menos, dos planos.

En primer lugar, respecto al ámbito de la “elitización tecnológica”, con ello quiero decir, fundamentalmente, que se ha producido un proceso por el que se ha desdemocratizado el acceso a las tecnologías de comunicación (Arthur Clarke cuanta que de niño se construyó una radio con materiales de deshecho que encontró en el basurero de su pueblo. Por cierto, creo recordar Arthur Clarke, aparte de sus novelas, fue el que propuso el envio de satélites a la orbita geoestacionaria para comunicaciones-), es decir, el aumento de las comunicaciones ha ido en relación inversa a la independencia tecnológica de los usuarios.

Ello, fundamentalmente, por dos razones. En primer lugar, por el control estatal de los medios como elemento esencial de adoctrinamiento y adormecimiento de las masas; en segundo lugar, por el acaparamiento tecnológico de las grandes empresas y la dificultad de “construir” elementos digitales (en la actualidad); así el paso de las lámparas y condensadores a los transistores y microchips, constituye un proceso de acaparamiento tecnológica que centraliza la dependencia de los fabricantes y de los reguladores. Este proceso de concentración no es diferente al del resto de “elitización tecnológica” en todos los planos de la sociedad postindustrial, pero si tiene una relevancia especial por lo que se refiere a su potencial y coste. Pues, la comunicación libre desmonopoliza el acceso a la “verdad oficial” y mediada por los estados y grupos mediáticos y de presión; por lo que respecta a su coste lo que hay que decir es que una tecnología que no “vale nada” su uso y “disfrute” pasa a convertirse poco menos que en una “tasa” obligatoria.

El segundo ámbito es el que hace referencia a la intrusión de “la forma mercado” en todos los rincones de la vida. Este es un tema que ha tratado con abundancia Baudrillard, y que, sobre todo, debe hacer reflexionar acerca del sentido y valor de la “forma” en nuestros usos y objetos sociales, y, especialmente, en lo que se refiere a la comunicación. Baudrillard en un texto acerca de los media decía que la supuesta libertad que producían los media no era tal, pues la verdadera libertad consiste en la capacidad de responder (si no en igualdad de condiciones, cosa imposible por la asimetría de las relaciones de poder, si al menos en cierta efectividad de grado, aunque sea el mero grito, es decir, que se pueda escuchar el propio grito).

La forma onda corta es disfuncional respecto a la concepción de los media como emanadores de opinión de mercado y de mercado de opinión, amén de diluir el gran negocio de la publicidad, sostén hiperreal de todo el tinglado de la comunicación.

Cabe preguntarnos si es posible recuperar la “romántica” onda corta, cabe responder que es poco menos que imposible (incluso en su forma .net), porque el vínculo esencial de localidad y comunidad (sea física o anímica), es inmediatamente absorbida por el mainstream imparable de la forma-mercado, de la forma-negocio.

Quizás lo más revolucionario en este momento sea reivindicar la onda corta del “silencio”, el silencio que haga oir la voz de los que no quieren oir siempre lo mismo (la forma-mercado), el silencio que permita ensanchar el tiempo y el espacio de la reflexión para poder asimilar el caudal de información-spam y aprender a discriminar lo importante de lo absolutamente banal y despreciable.

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Thomas Sankara y el África de las personas

28/10/2007

20 años después de la muerte de Thomas Sankara merece la pena recordar a uno de los mayores panafricanos. Consiguió hablar de forma abierta de las desigualdades en su continente desde su posición de Jefe de Estado.

Aunque su revolución fuera de tendencia marxista, esto no fue impedimento para rodearse de un equipo de personas profesionales provenientes de los más diferentes ambitos ideológicos. Todo se fundamentaba en conseguir su principal fin:

“Rechazar el estado de subsistencia, aflojar las tensiones, liberar al campo de su inmovilismo meieval o de la regresión, democratizar nuestra sociedad, abrir los espíritus a un universo de responsabilidad colectiva para atreverse a inventar el futuro. Destruir y reconstruir la Administración a través de una imagen diferente del funcionario, sumergir a nuestro ejército en el pueblo mediante el trabajo productivo y recordarle constantemente que sin formación patriótica, un militar no es más que un criminal en potencia”.

Su revolución fue un camino a la democracia más que ir en contra de ésta. Rompió con la tendencia de instaurar élites tribales dominantes a manos del poder exterior tras producirse un cambio político. Buscaba una democracia participativa donde las personas fuesen un fiel reflejo de ellas mismas. Para ello llevó a cabo políticas de igualdad de la mujer, implicación de la juventud en el futuro del país sin importar su condición social e ideológica.

Hoy África tan utilizada y expoliada necesita recuperar su propia memoria. Su camino hacia la democracia se encuentra dentro de ella misma. No necesita mirar hacia los procesos actuales que dicen llevar la democracia a través de la revolución como en Sudamérica. Son diferentes contextos y en muchos casos producen mayor déficit democrático del que persiguen.

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