Y después de la onda corta qué…
31/10/2007La nostalgia me hace pensar en mi primera radio, una radio de onda corta, y en el futuro de la misma. Poco a poco aquel medio de comunicación de masas que hizo desaparacer de alguna forma el espacio-tiempo está asistiendo a su propia desaparición. Pienso que este final debemos analizarlo en, al menos, dos planos.
En primer lugar, respecto al ámbito de la “elitización tecnológica”, con ello quiero decir, fundamentalmente, que se ha producido un proceso por el que se ha desdemocratizado el acceso a las tecnologías de comunicación (Arthur Clarke cuanta que de niño se construyó una radio con materiales de deshecho que encontró en el basurero de su pueblo. Por cierto, creo recordar Arthur Clarke, aparte de sus novelas, fue el que propuso el envio de satélites a la orbita geoestacionaria para comunicaciones-), es decir, el aumento de las comunicaciones ha ido en relación inversa a la independencia tecnológica de los usuarios.
Ello, fundamentalmente, por dos razones. En primer lugar, por el control estatal de los medios como elemento esencial de adoctrinamiento y adormecimiento de las masas; en segundo lugar, por el acaparamiento tecnológico de las grandes empresas y la dificultad de “construir” elementos digitales (en la actualidad); así el paso de las lámparas y condensadores a los transistores y microchips, constituye un proceso de acaparamiento tecnológica que centraliza la dependencia de los fabricantes y de los reguladores. Este proceso de concentración no es diferente al del resto de “elitización tecnológica” en todos los planos de la sociedad postindustrial, pero si tiene una relevancia especial por lo que se refiere a su potencial y coste. Pues, la comunicación libre desmonopoliza el acceso a la “verdad oficial” y mediada por los estados y grupos mediáticos y de presión; por lo que respecta a su coste lo que hay que decir es que una tecnología que no “vale nada” su uso y “disfrute” pasa a convertirse poco menos que en una “tasa” obligatoria.
El segundo ámbito es el que hace referencia a la intrusión de “la forma mercado” en todos los rincones de la vida. Este es un tema que ha tratado con abundancia Baudrillard, y que, sobre todo, debe hacer reflexionar acerca del sentido y valor de la “forma” en nuestros usos y objetos sociales, y, especialmente, en lo que se refiere a la comunicación. Baudrillard en un texto acerca de los media decía que la supuesta libertad que producían los media no era tal, pues la verdadera libertad consiste en la capacidad de responder (si no en igualdad de condiciones, cosa imposible por la asimetría de las relaciones de poder, si al menos en cierta efectividad de grado, aunque sea el mero grito, es decir, que se pueda escuchar el propio grito).
La forma onda corta es disfuncional respecto a la concepción de los media como emanadores de opinión de mercado y de mercado de opinión, amén de diluir el gran negocio de la publicidad, sostén hiperreal de todo el tinglado de la comunicación.
Cabe preguntarnos si es posible recuperar la “romántica” onda corta, cabe responder que es poco menos que imposible (incluso en su forma .net), porque el vínculo esencial de localidad y comunidad (sea física o anímica), es inmediatamente absorbida por el mainstream imparable de la forma-mercado, de la forma-negocio.
Quizás lo más revolucionario en este momento sea reivindicar la onda corta del “silencio”, el silencio que haga oir la voz de los que no quieren oir siempre lo mismo (la forma-mercado), el silencio que permita ensanchar el tiempo y el espacio de la reflexión para poder asimilar el caudal de información-spam y aprender a discriminar lo importante de lo absolutamente banal y despreciable.
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